¿Y si ya supiésemos qué hacer?
Me ha gustado ver reflejado en el libro de María A. Blasco y Mónica G. Salomone -Morir joven, a los 140-, con toda naturalidad, cómo los expertos, aún disponiendo de muchísima información, aún habiéndose realizado tanta investigación y con tantos avances científicos conseguidos, las recomendaciones que tienen claras para propiciar una vida sana siguen siendo muy sencillas y muy ligadas a hábitos de vida que reconocemos como saludables desde siempre: no fumar, ni engordar en exceso, ni hacer una vida sedentaria, disfrutar de la vida, una buena alimentación (1), dormir lo suficiente, relacionarse de forma sana... No hacen falta grandes inversiones ni métodos “radicales” ni suplementaciones. Para la mayoría de nosotros, que no tenemos patologías (2), parece que está claro cómo cuidarnos.
¿Qué
tipo de “historias” pueden desplazarnos de este tipo de hábitos? Pues entre
otras:
1.- Que
nos seduzcan con métodos o dietas o estilos de vida con más “glamour”.
2.- Que
nos dejemos seducir por lo que nos promete cambios rápidos y/o sin esfuerzo.
3.- Que
nos seduzcan con métodos o dietas o estilos de vida que nos aportan cierto
sentido (de pertenencia, de foco, ...).
4.- Que
nos auto engañemos pensando que estamos haciendo lo que toca cuando no es así.
Dentro
de estas “historias” está incluido todo lo que se refiere a poner en primer
plano algún alimento o nutriente para, o bien idealizarlo, o demonizarlo. Es lo
que pasa, por ejemplo, con los antioxidantes. Y elijo este ejemplo porque,
casualmente, es un tema que se trata en tres libros que he leído en estas
últimas semanas:
1) Emma
Roca – Esport amb seny- 2017: “[...] Y es que los antioxidantes son
aliados perfectos para la prevención y la recuperación de lesiones y para
aligerar los procesos inflamatorios [...]”
Ésta es
la posición que más se escucha. En lo que he ido leyendo en la prensa, en los
envases de los productos, en libros, apuntes y artículos: los antioxidantes son
muy beneficiosos, siempre que no se exceda la dosis (3).
2)
Nancy Clark – La guía de nutrición deportiva de Nancy Clark – 2016: “[...] Aunque los investigadores llegaron a pensar
que un consumo elevado de antioxidantes a base de pastillas reduciría la
incidencia de algunos tipos de cáncer, los datos actuales son decepcionantes.
[...]” “[...] Los antioxidantes
(vitaminas A, E y C, y betacaroteno) han demostrado tener potenciales daños
para los deportistas y ningún beneficio[...] (se habla, por supuesto, de
suplementaciones, no de los antioxidantes que provienen del alimento”
3)
María A. Blasco, Mónica G. Salomone -Morir joven, a los 140- 2016: “En una revisión reciente sobre la teoría de
los radicales libres, el investigador de la Universidad de Valencia José Viña y
sus colegas afirmaban: “Hay muchos casos (por ejemplo, el ejercicio físico) en
que no es bueno tomar suplementos antioxidantes. Y en términos generales, es
mucho mejor aumentar las defensas endógenas con actuaciones nutricionales o
fisiológicas que administrando compuestos antioxidantes como las vitaminas C o
E””
En el
libro de María Blasco se indica que ya hace años que el conocimiento acumulado
ha sacado a la química de los radicales libres de la lista de causas
principales del envejecimiento (el libro va del envejecimiento). Y es que el
daño oxidativo existe, pero los radicales libres cumplen también otras
funciones que son beneficiosas para el organismo. Aún así seguimos, a nivel
general, convencidos de que los antioxidantes son una panacea y los radicales
libres un veneno.
En
definitiva, a menos que padezcas alguna patología, las indicaciones para
mantenerse sano son sencillas y baratas. Que no te líen.
(1) Lo
de siempre:
Quítate al máximo de lo que te
apetece (1.1) y pon muchos vegetales, cereales integrales (1.2), legumbres,
algo de fruta, frutos secos, menos de pescado, huevo, lácteos, menos todavía de
carne …, todo ello en el estado más completo, menos procesado y natural que
puedas digerir, de calidad, y, como bebida, agua, mayormente agua. Varía mucho,
no abuses de nada, y no descartes ningún grupo de alimentos, pero tómalos en
una adecuada proporción evitando en lo posible entrar en sobrepeso. Si ves que
tu cuerpo no acepta algún alimento o grupo de alimentos, o tienes alguna
patología, consulta con un especialista y que te guie.
1.1-
*Donuts, croissants, madalenas,
empanadas, galletas, chocolates….
*Comidas con salsas ricas, muy
elaboradas, panes crujientes y esponjosos, embutidos, quesos, postres…
*Bebidas tipo refresco, zumos
(incluyendo licuados naturales), alcoholes, …
1.2.- ojo, no digo hincharse de
pan ni tampoco de los deliciosos cereales de desayuno. Si es muy muy apetitoso,
sospecha.
Es importante que acostumbres a
tu paladar a sabores que no estén potenciados. Si no haces este esfuerzo, te
costará mucho renunciar a todo esto. Y dejar atrás todos estos productos es ya
en sí el paso más importante que puedes dar. Que lo que comas te nutra debe ser
tu lema.
(2) El
médico es el que va a indicarnos si se requiere alguna suplementación o algún
tipo de dieta especial. Sí que es verdad que hay médicos que no tienen en
cuenta la nutrición, pero los hay que sí. La idea es que puedas apoyarte en
ambos profesionales: médico y nutricionista. Si buscas hay muy buenos
profesionales en ambas áreas.
(3) Los
antioxidantes que vienen de la alimentación diaria no superan nunca esta dosis,
pero si es posible superarla si tomamos suplementos. Algunas veces, cuando a
través de la toma de suplementos se supera la dosis adecuada, revierten los
efectos beneficiosos transformándolos en perjuicios.




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