Entre la tentación y el esfuerzo…
El principal
caballo de batalla en nutrición, en nuestra sociedad, hoy en día, es evitar el
sobrepeso.
Lo deseamos, en
muchas ocasiones, más por tema estético que por tema de salud, pero, bienvenido
sea ese deseo si podemos aprovecharlo para aumentar nuestras probabilidades de
estar sanos y disfrutar de una mejor calidad de vida.
Aunque el deseo
está claro, y es fuerte, buscamos enseguida la solución mágica, la que nos
permita soslayar el esfuerzo que nos requiere escapar de las múltiples
tentaciones que nos rodean.
Nuestra sociedad se ha
habituado a lo fácil, lo seguro, lo cómodo, lo hedónico, lo inmediato. ¿Es ésta
la razón por la que nos cuesta tanto poner en marcha nuestra fuerza de
voluntad?
No hay magia ni
misterio ni seducción en decir que, para mantenerse en un peso adecuado, hay que
comer las cantidades que nuestro cuerpo requiere, no más. Quien sufre sobrepeso es porque come de más (1).
Tampoco hay magia
ni misterio ni seducción en decir que hay que moverse. Ya no para quemar lo que comes. Moverse para
poder comer más no es el enfoque correcto a mi entender, aunque bienvenido sea
el deseo si podemos aprovecharlo para otro fin más adecuado: la salud. Tienes
que moverte para mantener tus “instalaciones” en forma, para que todo circule y
llegue donde tiene que llegar de la mejor manera.
Y menos magia, misterio
y seducción hay en decir que, aunque comas poco y te muevas, más te vale comer adecuado.
A menos comas y más te muevas, más importante es que lo que comas sea lo
adecuado (2). Estar delgado no es sinónimo de aumentar automáticamente las
probabilidades de gozar de buena salud.
Si tuviera que resumir brevemente lo poco mágica,
misteriosa y seductora que resulta una nutrición adecuada sería así (3):
que la mayor parte de lo que comas sean verduras y hortalizas (4), muy variados,
seguidos de granos integrales (5), frutas, tomando varios días a la semana
legumbres, también variados, y menos días huevos, pescado y carne, con frutos
secos, semillas, especias, grasas y lácteos en su adecuada medida, y que todo
ello sea en su forma más natural (6).
Renunciar al
consumo diario de bollería, galletas deliciosas, snacks, embutidos, del “abrir
y al microondas”, a consumir más de lo que apetece (ese pan crujiente, esa
salsa tan sabrosa, esa ensalada de todo menos verde (7), ese postre que casi no
entra …) cuesta. Y cuesta por lo disponible que está, por lo bien que sabe y
por lo que de hedónico y de recompensa tiene.
Nuestro entorno
no nos favorece, nos toca a nosotros trabajarnos nuestra capacidad de darnos
cuenta y crear las estrategias más adecuadas para facilitar un estilo de vida
más saludable, entrenar nuestra capacidad de no dejarnos arrastrar por las
tentaciones, y orientarnos en la dirección adecuada y, al mismo tiempo,
aprovechar y disfrutar de las facilidades y los placeres que nos ofrece nuestra
sociedad.
A TODOS NOS GUSTA CRUZAR
VICTORIOSOS LA META, pero a menudo olvidamos que requiere entrenar, entrenar,
entrenar.
(1) Ver posts de
setiembre y octubre “Razones de peso”. Cuando digo que quien sufre de sobrepeso
es por comer más de lo que requiere soy consciente de ese pequeño porcentaje de
patologías que abocan al sobrepeso, así que me refiero a la mayoría de nosotros.
(2) Siempre es
mejor comer adecuado, lo que pasa es que si comes mucho, puede que dé la
casualidad que ingresas todas las vitaminas, minerales y otros nutrientes que
tu cuerpo requiere para funcionar de forma óptima. Si comes poco, es más
probable que algo esencial no entre en el circuito. Y es que tu cuerpo va a
funcionar igualmente, pero tirando de los recursos que pueda, aunque se generen
residuos o se destruyan estructuras o equilibrios internos.
(3) Aunque no te
lo vaya recordando, ten siempre en cuenta la unicidad de cada uno, en cada
situación y en cada instante. Hay veces que, por cómo estás o cómo funcionas o
el entorno que tienes, tu alimentación debe adaptarse y ayudarte a recuperar el
equilibrio. Es bueno darnos cuenta de nuestro cuerpo, de cómo funciona en cada
momento. El conocimiento nos es imprescindible, pero también lo es darse
cuenta.
(4) Verduras y
hortalizas suelen aportar pocas calorías y muchas vitaminas y minerales. Al
aumentar la porción que representan en tu alimentación consigues reducir las
calorías ya que contribuyen a la sensación de saciedad, con lo que necesitas
comer menos de otros alimentos que, aunque sean saludables, aportan más
energía.
(5) Los granos te
aportan más calorías, así que te interesa que sean lo más integrales posible,
ya que, a igual ingesta de calorías, ingresas también una mayor cantidad de
vitaminas y minerales.
Cuando te dicen
que huyas de los refinados es por esto, no porque los refinados sean malos en
sí, sino porque si te “hinchas” a refinados es posible que no ingreses las
suficientes vitaminas, minerales y otros nutrientes que necesitas. O, si lo
haces, sea a través de la ingesta de otros alimentos que los aportan con su
correspondiente aporte energético adicional.
(6) Ojo con las
salsas, los acompañamientos, los añadidos… Todo lo compras preparado incluye lo
necesario para ser apetecible y más económico. Lamentablemente, lo que nos
apetece suele ser más sal, más azúcar y más grasa, y lo más económico suele ser
utilizar materia prima de menos calidad y materias que facilitan la fabricación,
aunque no aporten más que calorías.
(7) de poco te
vale que esa ensalada lleve quinoa, bayas de goji, nueces, semillas, algas…
todo, todo muy sano, pero… ¿Y las calorías? No olvides nunca que el sobrepeso
puede conseguirse comiendo “sano” pero en exceso.



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